José Antonio Milán Pérez (*)

Según reportes recientes de la Agencia para la Administración de
los Océanos y la Atmósfera de Estados Unidos, las condiciones imperantes
de La Niña que se mantuvieron durante el invierno del Hemisferio Norte,
se están debilitando para dar paso a una condición neutral: sin El
Niño, ni La Niña.
El ascenso de la temperatura sobre el nivel del
mar en marzo fue importante y es prácticamente un hecho que en el mes
de abril las condiciones climáticas sean neutrales.
Esta
condición muy probablemente prevalecerá al menos para los tres próximos
meses, que marcan el inicio del invierno en Nicaragua y el fin de la
primavera e inicio del verano para el Hemisferio Norte.
El Niño
es el principal fenómeno de la variabilidad climática, que influye en el
comportamiento del clima en el Pacífico de Nicaragua, con sus ciclos de
sequía, así como importantes precipitaciones, en su fase inversa que se
conoce como La Niña.
Sin embargo, existe una región en la faja
central del país donde la influencia de El Niño no es significativa, lo
que crea un clima muy beneficioso para ciertos cultivos como el frijol.
En la Costa Atlántica se puede afirmar que el clima está supeditado a
las condiciones del Mar Caribe con su régimen muy especial de lluvias
que son arrastradas desde el mar por los vientos alisios.
Otros
fenómenos climáticos con influencia en el Pacífico nicaragüense están
relacionados con la actividad ciclónica del Atlántico, que se ha
pronosticado como “débil” debido a que el océano Atlántico se ha
mantenido relativamente frío.
Sin embargo, debemos estar alerta,
pues no solo pueden cambiar las temperaturas en el océano Atlántico,
pudiendo hacer más activa la temporada de huracanes, sobre todo en
septiembre y octubre; sino también porque en la llamada Cuenca del
Caribe se forman huracanes y, desgraciadamente, se ha mantenido
caliente. Debe tenerse en cuenta que son esos tipos de huracanes los que
más nos han golpeado en los últimos años.
Las condiciones de un
clima neutral para el Pacífico de Nicaragua, no evita la aparición de
alguna anomalía que pueda causar precipitaciones intensas en una región.
Tanto
los modelos que se utilizan para la simulación del cambio climático,
como las observaciones reales, están confirmando que después de una
condición de Niña, en muchas ocasiones se atrasa el inicio del invierno,
o este comienza con un régimen de lluvia muy irregular y también las
canículas se hacen más extensas. Ojalá que ese no sea nuestro caso este
año, porque muchos cultivos de maíz de las siembras de primera pudieran
afectarse en aquellas regiones que son tradicionalmente más secas.
Estas
explicaciones no son una regla, pues en los últimos 30 años han
existido cuatro años con similares transiciones; y el comportamiento del
invierno no ha sido igual.
Por ejemplo, en el año 2006 hubo una
rápida disipación de La Niña y en septiembre inició un ciclo de El Niño y
en 2011 la disipación fue un poco más lenta y en el mes de septiembre
volvió un ciclo de La Niña.
Por todo lo anterior, es aconsejable esperar las proyecciones que realiza el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales.
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El autor es Doctor en Ciencias y Director del Centro de Investigación y
Transferencia de Tecnología en Cambio Climático de la Universidad de
Ciencias Comerciales.
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